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¿Existe la ballena azul?

Sin duda, el último gran caso con el que los profesionales tenemos que lidiar, es el de la “La Ballena Azul”. Supuestamente, se trata de un juego que propone a los participantes -en su mayoría jóvenes y adolescentes- cincuenta desafíos para cumplir, entre los que se incluyen cortes y autolesiones, y que finalizan con el suicidio como reto último para completar el juego. Una de las pruebas más espeluznantes del desafío sería la de grabarse con un cuchillo en la piel el dibujo de una ballena, representando al juego. Los adolescentes reciben mensajes en su teléfono o en perfiles de Facebook u otras redes sociales para unirse a grupos cerrados y poder participar en el juego.

 

Nadie puede precisar dónde surgió el juego, pero se cree que nació en Rusia hace un par de años y ha causado varios suicidios. En fecha reciente fue detenida una persona en ese país, a quien se considera autor del juego.

Los medios de comunicación no han perdido el tiempo y ante la impresionante noticia, han dedicado notas y notas a hablar de lo que podría ser la trama de de una película de terror. Obviamente, si las fuentes no alcanzaban para esclarecer la cuestión o justificar la veracidad del hecho, unas impactantes fotos de cortes y dibujos con frases en ruso lo hicieron.

El caso no solamente fue abordado por los medios. La mismísima Fiscalía de la Ciudad creyó en su veracidad y ofreció el teléfono 0800-33-FISCAL (0800-33-34-7225) para que quienes observaran cualquier conducta extraña pidieran ayuda durante las 24 horas del día. No podemos culparlos, pero en su buena intención, esto es lo que logramos finalmente:

Hemos sido tan irresponsables con la información y finalmente hemos creado a la ballena azul retroactivamente. Le hemos dado su consistencia y aunque alguien demostrara con pruebas que la ballena azul no existe, nada garantiza que pierda su eficacia. Las personas tenemos una forma muy particular de crear nuestra realidad. Freud decía que el fantasma de cada uno se constituye con restos de cosas vistas u oídas, entonces, ¿Cómo no se está alimentando una escena de autodestrucción ahí?

Propongo que el debate de la existencia de la ballena azul, en estas coordenadas, ya no importa. Existirá, en la medida que el juego exista en la realidad psíquica de cada sujeto. No hace falta mucha memoria para recordar que algo similar ya ocurrió antes. La década pasada algunos adolescentes se juntaban en blogs para rendirle culto a las diosas Mía (bulimia) y Ana (anorexia), figuras que les imponían prolongados y peligrosos ayunos, entre otras actividades como darse baños de agua fría, cortarse y en casos extremos, suicidarse. Cualquier escéptico dirá que Ana y Mía no existen, pero quien haya abordado esos casos podrá dar cuenta de la eficacia de aquellas diosas.

Lic. Lucas Vazquez Topssian es Director del Departamento de Psicología de la Asociación Argentina de Lucha contra el Cibercrimen.

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