15 Feb 2022

La gran estafa (romántica)

🕵️ El estafador de Tinder no es un caso aislado. Son cientos de miles las denuncias que se reciben a diario por estafas románticas online. ¿Quiénes están detrás? ¿Cómo operan? ¿Qué hacer para evitarlas?

L. tiene 60 años y vive en Flores. Desde hace años que habla de su nuevo «novio» que conoció por Internet. Su familia y sus pocos amigos sospechan, le advierten, intentan despavilarla. Nadie se cree el cuento del doctor norteamericano de buen pasar que trabaja en el extranjero, al que conoció por Facebook y que regulamente le pide envíos de dinero. El doctor le prometió casamiento, le mostró fotos de su mansión y las sospechas crecen.

Pero no hay caso, no hay peor sordo que quien no quiere oír: L. permanece enamorada de un troll de redes sociales que la estafa diariamente. En Google, el médico existe: es un odontólogo que da conferencias por el mundo y que, evidentemente, no imagina que su alter ego engaña mujeres argentinas detrás de la pantalla de un celular.

«Con el contexto de pandemia muchos delincuentes cambiaron y se dedican a estafas virtuales. No suele ser una sola persona, sino varias que trabajan de forma mancomunada. Hoy en día es muy fácil robar una identidad digital, vulnerar claves de correos y utilizar fotos o videos. También hay casos donde se realiza inteligencia de fuentes abiertas, de la información que la gente tiene disponible en sus redes», dice Luis Nocera, abogado, especialista en delitos informáticos y presidente de la Asociación Argentina de Lucha Contra el Cibercrimen (AALCC).

El estafador de Tinder no es un caso aislado. Son cientos de miles las denuncias que se reciben a diario por estafas románticas online. El año pasado, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos emitió un informe alarmante. En el estudio titulado Lo que necesita saber sobre las estafas de romances señalan que solo durante 2020 se reportaron USD304 millones de pérdidas por estafas virtuales y que esta cifra se multiplicó por seis desde 2015. El análisis presenta una serie de perfiles repetidos que asumen los estafadores: trabajadores de plataformas petroleras, militares viviendo en el extranjero o médicos que se desempeñan en organizaciones internacionales. Piden pagos con transferencias de dinero, tarjetas recargables o regalo, ya que así pueden quedarse rápidamente con el dinero y permanecer en el anonimato.

A nivel local, las cifras también asustan: en 2021, la AALCC registró 1257 casos de delitos por Internet. Pero a estos datos hay que añadirles el impacto del subregistro: muchas de las estafas no son denunciadas por vergüenza y se crea así una «cifra paralela del delito», víctimas que no acuden a ningún organismo para radicar la denuncia.

Además, la orfandad de legislación no contribuye a resolver el tema. Nocera explica: «En la actualidad tenemos el problema de que tanto la suplantación de identidad digital como el hostigamiento digital no son delitos nacionales. Solo son contravenciones en CABA. Hoy en día no tenés un encuadre jurídico que te proteja, salvo que vivas en la Capital Federal». Desde la AALCC presentaron un proyecto de ley para que exista protección jurídica frente a este tipo de delitos informáticos.

Los casos se repiten por el mundo: en España, los Mossos de Esquadra de la ciudad de Lleida investigan desde el año pasado el caso de una mujer que fue estafada por más de 118 mil euros por una persona con la que estableció una relación amorosa vía web. Un supuesto marine estadounidense que conoció por Facebook, del que nunca escuchó su voz pero que tuvo la capacidad de engañarla hasta sacarle cifras exorbitantes.

Muy cerca de allí, en Italia, se dio un caso emblemático. El voleibolista profesional, Roberto Cazzaniga, creyó durante años que su novia era la supermodelo brasileña Alessandra Ambrosio. En total perdió más de 700 mil euros, contrajo deudas y se distanció de su familia. Enfermedad, trabajo, compromisos: durante los años que duró la relación, la estafadora se las arregló para evitar el encuentro presencial pero en cambio sostenía conversaciones por teléfono con Cazzaniga, integrante de la selección italiana de Voley. Tras una larga investigación, un programa televisivo descubrió que la falsa modelo era Valeria, una mujer de 50 años oriunda de Cerdeña.

Ahora, al calor de su difusión, la modalidad de las estafas se complejizó e incorporó una nueva dimensión: las criptomonedas. El cuento es similar: estafador y estafado se conocen por aplicaciones de citas y el primero le propone, después de un tiempo y una vez ganada su confianza, una oportunidad de inversión. El final es harto conocido: ni la inversión ni la relación amorosa existen. Así lo advierte un informe de la estadounidense American Association of Retired Persons, que denuncia que este tipo de prácticas suelen tener como víctimas a personas de edad media o avanzada.

¿Qué hacer frente a este tipo de casos? «Hay que tratar de cerciorarse si la persona que está detrás es quien dice ser. Se puede hacer una videollamada para ver si es coincidente la persona que está detrás con aquella que se muestra en las fotos. Y también empezar a dudar cuando hay mucho esquivo para verse, o cuando se empieza a pedir dinero -agrega Nocera-. Lo más importante es tener en cuenta que las imágenes que nos pasan se pueden buscar en internet y comprobar e investigar si alguien no fue víctima anteriormente de esa misma persona».

Si sos víctima de un delito informático podés denunciarlo en la División Delitos Tecnológicos de la Policía Federal Argentina (Cavia 3350 1°, CABA) o en el Área Especial de Investigaciones Telemáticos de la Policía Metropolitana (Av. Reg. Patricios 1142 2°, CABA).

fuente : https://elgritodelsur.com.ar/2022/02/la-gran-estafa-romantica-mas-alla-del-estafador-tinder.html

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